Tacones: lesionarse es sexy

El quiropráctico Ata Pouramini advierte contra el uso diario de este símbolo de la belleza femenina.

Si en algún caso se cumple esa máxima atribuida a la belleza femenina y que dice que “para estar guapa hay que sufrir“, ese es el de los tacones. Símbolos de la liberación de la mujer y fetiche sexual, a pocos objetos tan inocentes, en principio, se les puede atribuir tanto daño.

Los hay de muchas formas y tamaños, hasta verdaderas obras de arte con nombre propio, “los manolos”, de precios exorbitados, por los que se llegan a pagar hasta 2.000 euros. Wedge, Strap, Ankle Strap, Stilleto… hasta doce formas reconocen los llamados cool hunter, pero lo cierto es que, tendencias aparte, si tienen más de tres centímetros de altura, no llevan plataforma y los usas a diario, pueden causarte serios problemas de salud.

Serios y persistentes, según explica el quiropráctico Ata Pouramini, puesto que no sólo modifican la postura del pie, sino que hacen lo propio con todo el cuerpo, al desplazar el peso del mismo hacia delante, siguiendo la forma del zapato. Nos echamos hacia delante, en un grado de inclinación proporcional al peso de nuestra masa corporal. Cuanta más altura tenga el tacón más nos desplazamos.

El hueso que soporta esta postura natural es la columna, justamente la encargada del equilibrio. A partir de ahí, sufren la cadera, la rodilla, los músculos de todo nuestro cuerpo (sobre todo los gemelos, que aguantan el peso), y, por supuesto, los huesos y tejidos del pie.

De ahí que sea frecuente esa imagen de las películas y series de televisión de las mujeres llegando a casa y descalzándose ya para subir las escaleras y lanzando los tacones nada más entrar por la puerta. Es una imagen muy real, sacada de la vida cotidiana, según Pouramini, puesto que el cuerpo en general se resiente por el uso de los tacones.

Se resiente y se lesiona, sobre todo los pies, que, además, se encuentran “encerrados” en una horma que suele ser muy estrecha. Cuanto menos espacio tienen los dedos para moverse, más posibilidades tiene la mujer de sufrir estos problemas:

  • Hallux Valgus, o en su acepción popular, juanetes: El dedo gordo del pie presenta una protuberancia en su parte exterior, producida por un agrandamiento de la articulación metatarsofalángica.
  • Onicocriptosis o uñero: lesión que aparece por la presión que sufre la uña del dedo gordo al estar sometida a la fuerza lateral de un zapato tan estrecho.
  • Dedos en martillo: un problema también de alcance estético. Los dedos del pie se encorvan hacia arriba montándose unos sobre otros.

Por otro lado, en las consultas resulta fácil detectar los “clásicos” asociados, entre otros, al uso diario de “tacones de infarto”:

  • Esguince de tobillo: No son infrecuentes, puesto que el tobillo no puede realizar todo el movimiento giratorio para el que está diseñado.
  • Neuroma de Morton: la lesión estrella. Al sufrir la planta del pie toda la presión del peso, se producen dolor, calambres, hormigueo y se irrita el nervio del pie situado entre los dedos tercero y cuarto.
  • Inflamación del tendón de Aquiles: No, no es una leyenda urbana; el uso de tacones acorta el tendón de Aquiles, por eso se dice que muchas mujeres que los usan “no saben luego andar con zapato plano”.
  • Artrosis de rodilla: Dos mujeres por cada hombre la sufren y tiene que ver con el desgaste que el cartílago de la rodilla sufre al soportar el peso provocado por la postura antinatural provocada por el zapato.
  • Espondilolistesis: enmascarada muchas veces por la clásica lumbalgia, se refiere al desplazamiento de una vértebra de la zona lumbar sobra otra inferior. El motivo: el mismo, un movimiento de repetición dañino.

Son algunas, pero no todas las dolencias asociadas al tacón, al que algunas mujeres “se suben por la mañana y no se bajan hasta la noche”. Sobre todo ahora, con la vuelta al trabajo.
La recomendación del experto: menos horas menos días con tacones, plataformas que nivelen talón y horma y zapatos más anchos. Por supuesto, lo repite, pero no suele tener mucho efecto entre las adictas al tacón: más variedad de calzado.

Ata Pouramini es autor del libro “Tú eres tu medicina” y “El gato persa que quería comer caviar”. Es orientador en salud, experto en nutrición y uno de los quiroprácticos más reconocidos. Tiene en Valencia una de las consultas más importantes del mundo. Estudió Nutrición en la Oxford Brooks University, es Licenciado en Ciencias Humanas, Master en Ciencias Quiroprácticas, Doctor en Quiropráctica y miembro de la Asociación Española de Quiropráctica.

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