El calzado debería ser un complemento de salud

Asegura Javier Bustamante, promotor de The Open Shoes.
Javier Bustamante, promotor de The Open Shoes.
Javier Bustamante, promotor de The Open Shoes.

Nadie duda hoy en día de que el calzado es imprescindible. Es un complemento que protege nuestros pies de las agresiones exteriores, pero también es un artículo de moda. Sin embargo, cuando hablamos entre nosotras nos damos cuenta de que hay mucha sufridora que respira cuando llega a su casa y puede quitarse los zapatos. Pero, a pesar de ello, no está dispuesta a ponerse otros cuyas características los hagan más cómodos a costa de la estética.

Javier Bustamante es uno de los pioneros del calzado saludable en España. Actualmente es el presidente de la Asociación de Comerciantes de Calzado de Bienestar y regenta el comercio and&o. Y su último proyecto, The Open Shoes, ha sido seleccionado por Crowdsasuna, un proyecto que promueve la Agencia Vasca de la Innovación, Innobasque, con el apoyo de la Obra Social la Caixa

-Partimos de la idea de que en el calzado hay un error de base. Y esto es así porque casi desde sus inicios como industria se ha considerado un complemento de moda y en realidad debería ser un complemento de salud. Tenemos que ser conscientes de que pasamos muchas horas al día apoyando toda nuestra estructura corporal sobre un par de zapatos. Y la forma en la que esos zapatos nos hagan pisar va a influir en la posición en la que tengamos la columna vertebral. Y no sólo eso; la forma de la planta también va a hacer que el peso del cuerpo se soporte en determinadas partes del pie, lo cual puede causar graves daños en zonas como los metatarsos.

El proyecto The Open Shoes, presentado en la Maker Faire de Bilbao.
El proyecto The Open Shoes, presentado en la Maker Faire de Bilbao.

-Según lo que nos cuenta, parece estar claro que es un producto para la salud.
-Y podemos seguir: un calzado estrecho en la zona delantera fuerza los dedos hacia el centro, ocasionando el desplazamiento de determinados huesos de la planta y la consiguiente aparición de juanetes. Y muchas otras dolencias, como el neuroma de Morton, la fascitis plantar, el espolón calcáneo, las varices, los dedos en garra, la tendinitis aquilea… pueden estar ocasionados por el uso de un calzado inapropiado. Y además, una mala absorción de los impactos al caminar repercute de forma muy negativa en la columna, los tobillos, la rodilla, la cadera…

-Sin embargo, nuestros ancestros no usaban zapatos…
-Sólo tenemos que recurrir a Darwin para darnos cuenta de por qué sucede todo esto. El cuerpo humano ha evolucionado durante miles de años en la naturaleza, pisando sobre terrenos semiblandos e irregulares y utilizando toda la planta del pie al caminar. De esta manera, iba trabajando toda la musculatura de la planta. Pero no sólo eso, sino que también trabajaba la musculatura de la espalda, de las piernas, se activaba la circulación… Hoy en día, los estudios que se han hecho sobre diferentes tribus de África o América que viven en zonas sin urbanizar nos muestran que, salvo problemas puntuales por accidentes, no suelen sufrir de dolores de espalda ni de muchos otros males de los que sí sufrimos quienes vivimos en lo que denominamos “civilización”. Así pues, los primeros zapatos venían a ser trozos de piel atados a los pies, que no suprimían ninguna de sus funciones, sino que únicamente protegían los mismos de entornos agresivos, como piedras o plantas cortantes. Incluso en algunas épocas, lo normal era andar descalzo y llevar los zapatos colgados para cuando hubiese que caminar por ese tipo de lugares.

-Entonces, ¿dónde está el problema?
-Pues resulta que después de esos miles de años en los que el cuerpo se había adaptado al entorno, los seres humanos comenzamos a cambiarlo, sustituyendo el suelo semiblando e irregular por uno aparentemente más cómodo, pero duro y liso. Llegados a este punto se nos plantean diferentes alternativas: una de ellas consiste en seguir usando un calzado que simplemente nos proteja el pie. Pero resulta que ya no pisamos el mismo tipo de suelo que antes. Cada paso que damos es más agresivo con nuestro cuerpo, porque repercute en toda nuestra estructura. Al caminar, dejamos de mover los pies hacia los lados y sólo realizamos un movimiento desde atrás hacia delante. Esto hace que muchos músculos dejen de trabajar y que, además, se minimice el retorno venoso e incluso que, con los mismos desplazamientos se consuman menos calorías y se produzca un menor drenaje, con lo que aparecen problemas como las varices o la celulitis. Todavía, cada cierto tiempo, se produce la moda de la vuelta a calzados de este tipo, que han venido a llamarse minimalistas, pero que tienen los problemas mencionados si se usan en terrenos duros y lisos. Así que la otra opción consiste en que, dado que no podemos cambiar el suelo que vamos a pisar y que nuestro cuerpo no evoluciona con la suficiente rapidez, sino que tardaría miles de años en adaptarse, deberíamos buscar un producto que, situado entre los pies y el suelo, realice las correcciones necesarias para que no suframos por este cambio. Es decir, busquemos un producto que nos mantenga la salud.

Escáner de pisada utilizando un calzado saludable.
Escáner de pisada utilizando un calzado saludable.

-Pero parece que eso no se ha hecho…
-En efecto. Cuando comienza a desarrollarse la industria del calzado, nadie es consciente de que se debe crear un producto saludable. Únicamente se busca la protección de los pies y, poco a poco, la estética. Por eso es por lo que decía que hay un problema de base, y es muy difícil, a estas alturas, concienciar a la población de que use un calzado saludable, un calzado de bienestar.

-Y sin embargo, según lo que afirma, el uso de un calzado inapropiado perjudica nuestra salud…
-Hay muchos estudios en los que se calcula el coste que tiene para un país algún producto como el tabaco, por los gastos médicos que genera, las bajas por enfermedad… Pero aún los gobiernos no son conscientes del coste que tiene el uso de un calzado inapropiado. Numerosos problemas de espalda, de pies, bajas por enfermedad… tienen su origen en el calzado. Y eso, lógicamente, se convierte en un gasto para la sociedad. En los paquetes de tabaco nos encontramos con advertencias sobre los peligros que conlleva para la salud, pero hay zapatos, y sobre todo algunos de mujer, que deberían llevar una clara advertencia de las autoridades sanitarias sobre las consecuencias de su uso.

-¿Y no existen calzados que cumplan con las condiciones necesarias para proteger la salud?
-Lo cierto es que sí que existen. De hecho, si existe una asociación como la Asociación de Comerciantes de Calzado de Bienestar, es debido a que hay comerciantes que nos hemos especializado en buscar zapatos de este tipo.

Prototipo de entresuela realizado con una impresora 3D.
Prototipo de entresuela realizado con una impresora 3D.

-Háblenos del proyecto The Open Shoes…
-El proyecto The Open Shoes consiste básicamente en la creación de un calzado de bienestar, modular y de código abierto. Dicho así, a la mayoría de la gente le puede sonar muy raro, así que, si me lo permite, voy a tratar de explicarlo.

-Adelante.
-Lo de calzado de bienestar creo que, con lo que he dicho con anterioridad ha quedado relativamente claro: se trata de unos zapatos que, por decirlo así, vengan a evitar los problemas que nuestro cuerpo sufre por el cambio del entorno en el que nos desenvolvemos. En cuanto a lo de modular, se refiere simplemente a que va a ser un zapato por piezas. En concreto, constará básicamente de tres piezas: una entresuela, que va a ser la parte fundamental, porque es la encargada de que, al pisar, el peso del cuerpo se distribuya en toda la planta, evitando presiones excesivas, sobre todo en talones y metatarsos, pero al mismo tiempo haciendo que trabaje la musculatura tanto de la planta como del resto del cuerpo, y minimizando los golpes que sufrimos al pisar; una plantilla, cuya función básica será la de pisar sobre algo más agradable que el material del que estará hecha la entresuela; y una carcasa, es decir, la parte exterior, la visible del zapato…

-Perdone que le interrumpa. ¿Qué ventaja tiene el que sea modular sobre un calzado normal?
-Pues la ventaja fundamental es que no vamos a necesitar tanto material y, por lo tanto, no tendremos que gastar tanto en calzado. Me explico: con un par de entresuelas y un par de plantillas será suficiente, ya que las podremos pasar de una a otra carcasa. Y si cualquiera de las partes se estropea y no se puede arreglar, no hay que tirar todo el zapato como sucede en un calzado de una sola pieza, sino que nos desprenderemos únicamente de la parte deteriorada, mientras que el resto sigue siendo utilizable. Todo ello no sólo supone un ahorro económico sino que, si se generaliza, supone también una importante mejora medioambiental.

Esquema de un zapato modular.
Esquema de un zapato modular.

-¿Y lo del código abierto? A mí me suena a informática más que a calzado…
-Y no le falta razón, porque “open source” o código abierto se ha venido usando fundamentalmente en el campo de la informática. Pero creemos que hay que extender el concepto a otros ámbitos, y más ahora que la tecnología lo permite. La idea, básicamente, consiste en que cualquiera pueda fabricarse sus propias piezas del calzado, empezando por las entresuelas. Para ello queremos desarrollar unas entresuelas que funcionen realmente y puedan ser realizadas con impresoras 3D. La principal ventaja del código abierto es que cualquier usuario puede pensar una modificación de la entresuela que la mejore o que la adapte a sus características fisiológicas personales.

-¿Y esto no supondría acabar con la industria y el comercio del calzado?
-Ni mucho menos. Lo que supondría es una adaptación del negocio, un cambio de concepto. Te pongo un ejemplo muy relacionado. La impresión 3D se inventó hace más de treinta años. Y fue un pequeño negocio, porque estaba patentado y las impresoras eran muy caras. Sin embargo, al caducar la patente, empiezan a aparecer proyectos de código abierto. Y hoy es el día en que hay un importante negocio en torno al 3D: piezas para las impresoras, filamentos de impresión, diseño, piezas impresas… Y las impresoras, van mejorando día a día con nuevas aportaciones de los usuarios. En el calzado pensamos que debería suceder algo similar. Tú podrás fabricarte las entresuelas en casa o podrás comprarlas en algún especialista que te ofrecerá el añadido de poder comprobar si tu pisada es correcta con las mismas. Lo mismo sucederá con las carcasas, las plantillas… Podrá haber diferentes diseños de carcasa, con mejores o peores materiales, con diseños mejores o peores, adaptados a tu ancho de pie, a la altura de tu empeine… En fin, que de lo que se trata no es de acabar con ningún negocio, sino de adaptar un negocio tradicional a las nuevas posibilidades que existen hoy en día.

-¿Y todo esto que me cuenta interesa a la industria y al comercio del calzado?
-No se trata de que le interese o no. Es que es lo que viene. Habrá empresas que se resistan al cambio, siempre ha pasado en cualquier evolución. Y el cambio tampoco va a ser de un día para otro. ¡Ojalá lo fuera! El proyecto The Open Shoes está actualmente en una fase de captación de fondos por medio de crowdfunding en la plataforma goteo.org. Es una cantidad pequeña, pero una de las ventajas es la visibilidad que nos está dando. Hemos aparecido en diversos medios de comunicación, hemos estado presentes en eventos variados como Forotech, en la Universidad de Deusto, en el stand de Bilbao Makers o la Maker Faire de Bilbao, tenemos más de 500 seguidores en twitter y otros cuantos en otras redes sociales, más de 50 particulares y empresas, entre ellos varios relacionados con el comercio del calzado, han aportado fondos al proyecto de forma desinteresada, hay personas que están colaborando, también de forma desinteresada, en el desarrollo de la imagen de marca, en el diseño de los prototipos… Y no nos podemos olvidar, aunque los acabo de mencionar, de Bilbao Makers, una asociación sin ánimo de lucro, de la que formamos parte, y que nos está ayudando en todo lo que necesitamos. Volviendo al asunto de la pregunta, yo creo que sí interesa al comercio (como he dicho son varios los que han colaborado) y a la industria. De hecho, ya hay algún fabricante que se ha interesado en colaborar. Y estamos abiertos a que otros lo hagan. Estaremos encantados de poder colaborar con quien esté interesado en el proyecto.

Una respuesta a “El calzado debería ser un complemento de salud”

  1. DAIMAR: NO ES ORO. Me compré unos zapatos en la farmacia de mi pueblo de la Casa DAIMAR, MODELO 5061 gris, por algo más de 60 Euros, presuntamente anatómicos. Al llegar a casa comprobé que entre la plantilla sobre la que posamos el pie y la suela del zapato, no había nada de nada. Los anuncian como anatómicos y para la gente mayor, pero no son en absoluto anatómicos y no tienen amortiguaciión ninguna.

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